Pelícanos

Pages: 10 (2449 mots) Publié le: 3 novembre 2010
PASCAL Y EL GRECO
(Atlántida 1, enero-febrero 1954, La Coruña, pp. 6-7)
Me ha acontecido el recibir, hace pocos días, el presente de un librillo, que ha sacudido todos los planes que me había formado para esta conferencia, cuya invitación me proporcionaba tanto honor como placer y que despertaba en mí no menos esperanzas que recuerdos. No es raro que nuestros proyectos de trabajo intelectualmás reflexivo estén sujetos a azares, bajo cuyo golpe, a la par que las convicciones se reafirman, los términos de expresión se metamorfosean.

Mi admirable contemporáneo, el poeta Eliot, lo ha confesado muy pertinentemente en un lectura dada, no ha mucho, en Niza: cuando el escritor se sienta a su mesa de trabajo, quien le imagina en tal disposición, cree generalmente que su pensamiento está yaestablecido y que todo el quehacer consiste en escoger los términos más adecuados, las frases más brillantes y la mejor disposición de conjunto posible… Sin embargo, lo que sucede es que, cuando el texto está ya escrito, se ve que su resultado es una cosa bastante diferente de lo que se había pensado tener que escribir.

Yo no digo que, para cada uno de nosotros, haya de reproducirse la aventurade Juan Jacobo Rousseau; es decir, el haber tenido la intención de redactar, con la finalidad de un concurso, una pieza elocuente en celebración de los beneficios de la civilización, en el gusto de la época iluminista, y haber finalmente encontrado bajo la pluma una diatriba contra la corrupción engendrada por una y por otra, en contraste con las virtudes del hombre solo, del inocente vivirprimitivo. Pero, lo posible es experimentar lo que ahora yo mismo, cuando, tras de años de mantener la costumbre, que tiene todo el mundo, de hacer del pintor Doménico Theotocópuli el tipo apasionante del barroco y, del filósofo Blas Pascal, el del dinamismo existencialista, verse sorprendido al descubrir, en el uno como en el otro, en el artista casi oftalmópata al igual que en geómetra casiesquizofrénico, [no sólo] un don ejemplarmente poderoso de racionalidad y hasta de racionalismo, menos de acuerdo con la clasificación convencional, acaso arbitraria, de los estilos y los ingenios.

Hace unos veinticinco años que el parentesco morfológico entre el Greco y Pascal hubo de aparecerme con evidencia; para un adepto del espíritu figurativo, cual yo lo soy, cual lo debe ser todo católico, capazde pensar en imágenes, había un argumento decisivo. Este argumento se me hizo patente en Toledo, cuando la ciudad, en una iniciativa, doblemente inspirada en la cultura y en la distinción, iba a dar a una calle el nombre de Maurice Barrés. A esta ocasión, se había invitado a venir a España y asistir a la ceremonia a un miembro de la Academia francesa, M. René Bazin, y al propio hijo del Maestro, M.Philippe Barrés.

Nos encontrábamos para la circunstancia en la capilla de Santo Tomé, donde se admira una composición del Greco, famosa entre todas, el Entierro del Conde de Orgaz. Se veía bastante mal, hacia esta época, la pintura. Era necesario estar de pie y utilizar una iluminación menos que mediocre. Ante la confusión, por no decir la estupefacción de los visitantes, nuestro pintorIgnacio Zuloaga, que acompañaba a la comitiva, me encargó el dar algunas explicaciones. No debía ello ser una conferencia, que ni el tiempo ni las circunstancias permitían. Pero debía reemplazar, más o menos, a una definición. A una definición susceptible de ser captada de un golpe.

Nunca la preparación artística del común de los literatos de Francia ha sido comparable a su preparación humanística,que todo el mundo juzga de una calidad verdaderamente superior. Nunca, tampoco, el espíritu universalista ha igualado, dentro de las costumbres locales, el conocimiento difundido acerca de los glorias autónomas del país. Pensé, pues, que era en el orden literario y francés donde había que buscar los términos de la comparación. Justamente, la víspera, habíamos visitado el Museo del Prado y nos...
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